Mostrando las entradas con la etiqueta Ground Zero. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ground Zero. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de enero de 2013

Mi última cruzada

Estoy simplemente cansada del rencor y de pensar tanto en cosas y personas que hace mucho se fueron o los fui.

Se me ha convertido en una adicción maligna: pensar en los muchos modos en que eventualmente demostraré mi desprecio por aquellos que me hicieron mal, sentir dolor cuando sé algo de esas personas o cuando no quiero saber algo de ellas y ellos. No más. Estoy cansada.

He iniciado una cruzada, mi cruzada final contra el rencor. Deseo con todo mi corazón que a todos les vaya bien y no tener que pensar nunca más en ellos. Sí, no soy perfecta y no iré a abrazarlos o a decirles mil cosas como si fuera alcohólico en época de redención. Sólo no quiero pensar más en el tema, así que tomo mi caverna como cubo de basura para escribir estas últimas líneas y dejarlo ir todo.

Lo que fue, fue. Ahora no tengo suficiente tiempo como para seguir dándole vuelta a este asunto.

Adios, rencor. Compañero de batalla. Te dejo mis armas. Haz lo que quieras con ellas, porque ya no las necesito.


Jo

domingo, 12 de junio de 2011

El ser y la nada

Sí, me lo he robado de otro.

Ese ser derretido en mí que quiere desesperadamente quedarse
la nada que ya no está, que se ha convertido en sí misma.
Cada parte de mí es otra, en una sucesión de particiones consecutivas
rotando en torno de esa nada deliciosa.

El Camino se ha transformado en trozos de ser
que tratan de hallar sentido a la nada que se desborda,
los moldea y endurece.
¡Pobres, trozos de mí, perseguidos por la nada maravillosa!

El grito en el vacío que no escucha nadie es un llamado de batalla
para una guerra que no acontecerá.
Solo las huellas de la nada acarician mi ser
encontrándose con trozos de lo que será y ya no fue.



Jo

jueves, 10 de marzo de 2011

Tejiendo sin rueca

Cuando pequeña siempre jugaba a lo mismo: iba en una máquina del tiempo y caía sin querer en una época específica; a veces, era una gran dama medieval (viuda, claro, para que pudiera hacer algo) y hacía una fiesta de máscaras; en otras ocasiones era una aldeana de la época de la ilustración que tenía acceso a una gran biblioteca. Cuando tenía vestidos suficientes, invitaba amigas a jugar, pero en su mayoría (y como buena hija única) jugaba con seres sacados de mi imaginación. Sacaba el candelabro, le ponía velas y PUM, había aterrizado en un nuevo lugar.

Sin embargo, con el tiempo jugar a los viajes en el tiempo fue pasando a un segundo plano y mi máquina del tiempo se quedó en la casa donde mis papás se divorciaron, llena de polvo. Sólo quedaron algunos de mis amigos imaginarios en mi cabeza, llamándome para jugar, mientras yo los esquivaba con una montaña de trabajos de universidad urgentes, llamadas de amigos y miles de sueños de "niña grande" que solemos llamar Proyectos.

Un buen día, más o menos cuando cumplí 20 años, recordé que me gustaba viajar por el tiempo y me dí cuenta que tal vez no necesitaba mi máquina para hacerlo. Resulta que en mis viajes de pequeña aprendí a bordar, porque una anciana sabia (tal vez mi profesora de manualidades del colegio) me había enseñado. Tomaba el tambor y tensaba la tela, me ponía solita en posición de señorita bien educada y bordaba por horas, muy mal por cierto. Así que cuando pude me compré nuevamente tambores, hilo, tela y aguja y empecé a pintar un paisaje con hilos... primero el verde, luego el rojo, después el púrpura y así, siguiendo los puntos de referencia del modelo. Así comenzaron mis pequeños nuevos viajes en el tiempo a partir del bordado.

Alguna vez aterricé en un monasterio de la Edad Media y usé una rueca, seguramente se quedó dentro de la máquina del tiempo en la que pasé momentos muy felices de mi infancia. Ahora al menos unas horas a la semana me pongo mi tambor en las manos, tenso la tela y vuelvo a empezar un nuevo viaje, a ver si tal vez me encuentro la rueca en uno de ellos.




Afrodita
(Por sugerencia y porque quiero que mi buen amigo Altais escuche de primera mano cómo sucedió)





jueves, 20 de enero de 2011

Confesiones insomnes:

1. Ahora noto con desenfado que cada vez que debo hacer algo urgente me corroe la pereza.

2. Qué fácil se borran las imágenes que antes daban felicidad. ¿Así sucederá cuando todo termine?

3. Hoy descubrí que la cantidad de títulos no hace que seas necesariamente más claro en tu proceso de pensamiento. Qué pesar.

4. Nuevamente siento el miedo avasallador que ocurre cuando todo sale sospechosamente bien.

5. Debo aprender a decir adiós apropiadamente y a tiempo, sin culpas. ¿Por qué siempre que mis instintos dicen "adiós", mis brazos dicen "hola"?

6. He compilado un sinnúmero de buenas intenciones. Las guardaré para cuando pueda usarlas, o cuando desaparezcan en un gran incendio... ya ha ocurrido.

7. Todos (y me incluyo) criticamos más duro a quien más se nos parece. Siento que eso me hace un ser humano poco sincero.

8. De todos las bondades del ser humano, la humildad es la que más se me dificulta alcanzar. Tal vez no estoy destinada a obtenerla.

9. Es altamente probable que todas las preguntas que pasen por mi cabeza hayan sido ya formuladas. La lengua castellana es muy limitada para ampliar el universo de mis preguntas.

10. Sólo en el sopor del insomnio mi cerebro actúa en plena lucidez. Si pudiera inducir este estado de pensamiento todo el día, mis logros ya habrían superado mis más altos anhelos académicos.

11. Siento que muchas personas que conozco simplemente son incapaces de la abstracción conciente; en ocasiones me divierte, en otras me desespera. La resignación es otra de esas bondades del ser humano que se me escapa.

12. ¿En alguno de los innumerables universos paralelos habrá alguno en donde no tenga que preocuparme por fotos que ví o cosas que no aparecen donde deberían? Debo preguntarle a algún físico competente



Jo

martes, 19 de octubre de 2010

No necesitamos a Confucio (el amor en los tiempos de la Competencia Perfecta)


Sí, hubo alguien que dijo que Confucio (célebre pensador chino) fue quien inventó la confusión. No, no es así, sólo fue un divertido malentendido sumado a una triste falta de ejercicio neuronal de una niña muy confundida, pero tomémoslo como cierto para efectos de esta entrada.


La competencia perfecta es un modelo de mercado en donde existe gran cantidad de oferentes y demandantes, así que ni la oferta ni la demanda influencia el precio y este se establece únicamente por la relación costo-beneficio y el equilibrio que hay entre oferta y demanda. Una dicha, ¿no? Bueno, acabo de redescubrir que el amor puede ser un mercado de competencia perfecta.

Es una maravilla. Unos ganan y pierden, pero finalmente todos llegan al equilibrio. Siempre hay más oferentes y se compite entre una multitud de demandantes, lo que lleva claramente a que el precio fluctúe entre diferentes escenarios de equilibrio. Claro, en este mundo la información siempre es asimétrica y jode todo el modelo, pero déjenme soñar y pensar que poseo información suficiente (it's my blog and I dream if I want to).

En un mundo así no se necesita la confusión. Simplemente no tiene lugar porque lo tienes todo para decidir el precio, lo que sí pasa es que hay precios más altos que otros y pues, uno decide si lo paga o no. Yo, por ejemplo, decidí no seguir pagando el precio de algunos bienes que cumplen los siguientes requisitos:

- Oferta confusa
- Demasiada demanda
- Altas expectativas no cumplidas al recibir el producto.

Pero también me he encontrado algunas cosas geniales, como que hay oferentes que no saben lo mucho que vale su producto y me piden un precio bajo y cómodo. También están los que tienen una demanda reducida por idiotez ajena y me han dejado el camino libre para acceder más fácilmente a su mercado. ¿Les he dicho que amo la idiotez ajena? Ok, es verdad.

Ahora es mi turno de revisar mi oferta y mi demanda. Siempre he ofrecido mucho y demandado más bien poco o lo que llega. Not anymore, dears. Ahora cambio la estrategia, porque me he dado cuenta que el precio lo pongo yo y puedo simplemente reducir la oferta para que mi demanda crezca y el precio llegue a un equilibrio conveniente sólo para mí.

Sí, he perdido a uno de mis más altos demandantes por la competencia perfecta, pero, sinceramente, la racionalidad económica es sabia y me ha llevado por otros caminos antes de tan siquiera notar esta pequeña dificultad. Ya estoy alineando mi artillería hacia otras batallas y creo que tengo opciones de ganar, si juego pacientemente y con sabiduría, que es lo que más da la edad.

Faltan 8 días para mis 30 y juro por el Dios de los Economistas que en este mercado mandaré yo.


Jo



sábado, 9 de octubre de 2010

Uno hace planes y Dios se ríe

Esa es la frase de la semana. Dicha por Legui frente a mis polluelos el viernes y más cierta imposible.

Al estar enferma y en cama pude ver muchas cosas, entre ellas las temporadas que me hacía falta ver de How I Met Your Mother. Un podría preguntarse: ¿qué coños puede explicarle a uno una serie? Bueno, esta, de todo.

Primero están las bromas maravillosas, el listado de cosas que uno no puede hacer al cumplir 30, el salto, las embarradas que uno comete por miedoso y las que hace sin pensar; también la importancia de estar en el momento correcto a la hora correcta.

Además, me ayudó a ver mi historia en perspectiva. ¿Qué le diré a mis engendros cuando sea grande y les cuente la historia de cómo conocí a su padre? Será una historia llena de errores, claramente, y como Ted muchos pasarán como si lo fueran, pero no. Historias de alegría, arrepentimiento, tristeza y decepciones llenas de aprendizajes.

Al final de la temporada 4, Ted cumple 31 y dice "fue el peor de mis años: en el que me dejaron plantado en el altar, perdí mi empleo, hice una empresa que quebró y me pateó el trasero una cabra, pero ahora lo recuerdo como el mejor de mi vida porque me llevó a conocer a su madre". Me sentí taaaan identificada.

Tal vez en mi temporada X, capítulo X, contaré como antes de cumplir 30 me dejaron por otra, me botaron de mi empleo, estuve en urgencias 4 veces, me cortaron el cabello con podadora, me metí en una locura de romance al ritmo de reggeton, me dí cuenta de que mi primer príncipe es un sapo venenoso (again), ví a mi mejor amigo casi morir en mis brazos, estalló una bomba en mi casa, casi caigo en la quiebra y, aún así, es el mejor año de mi vida porque aprendí a dar el gran salto, a arriesgarme, tuve el mejor empleo del mundo y me dio las puntadas para convertirme en esa persona que contará la historia de su vida a sus polluelos propios.

Uno hace planes y Dios se ríe. Yo había planeado otra cosa: a mis 30 debía tener un empleo con más de 6 ceros en el cheque todos los meses, debía usar sastre más de lo necesario, ser una erudita, una autoridad, haber viajado por el mundo entero y tener un listado de affaires más largo que el de Barney S.. Poco de esto ocurrió. Todo salió más o menos al revés, pero la sonrisa sigue intacta. Al final, sólo queda lo divertido del viaje y lo que he aprendido. Lo principal: he aprendido a aceptar, a perdonar, a soltar las cosas para que no sea Dios, sino yo la que ría de los planes, porque nada puede controlarse.

Pero soñar no cuesta nada.


Jo

viernes, 1 de octubre de 2010

Como Hamlet

Es importante recordar que hasta el día 30 de septiembre de 2010 a las 10pm yo estaba clara en lo que iba a hacer. Y, perdón el francés, jueputa, otra vez todo se desploma.

Sí, ya, iba a tomar la decisión práctica de no sentir. De dejarme llevar por el momento, por la novedad, por todo este huracán maravilloso de momentos. Es maravilloso, lo sigue siendo 6 horas después del declive, pero mi cabeza es un despelote.

Ya lo había asumido, se lo he dicho a todos y lo acepté. Todo muy bien, hasta que Murphy intervino.

Para quienes han leido mi libro (casi todos los que leen este blog), pues bueno, ya saben quién es el protagonista. Es un recuerdo escapado del cerebro de la protagonista, y ya saben quién es para mí. Bien, mi recuerdo es más jodido que el de Daniela. Creo que no podría imaginarme un capítulo como el que viví hace un rato.

¿Es que a la vida no le gusta verme contenta???? ¿Por qué me pone enfrente la posibilidad, la esperanza, la ilusión taaaan añeja... y por qué la hace tener semejante memoria? Se supone que la que recordaba todo era YO no TU. No máaaas, o bueno, mejor no hablo tan duro.

La última vez que te escribí te dije que mi corazón era tuyo. Pues bien, es verdad. Lo acepto y lo sabes. Lo desempolvé por si alguien viene con ganas de hacerlo reir, pero sigue en su cajita fuerte, esperando un milagro como fuiste tú. Ahora la parte mala: para lograr que se mantenga bonito y medianamente servible necesito que no lo toques. ¿Entendido? No te doy permiso, menos cuando te comportas como la maravilla que eres. Está prohibido hacerlo latir, porque si lo tocas aplica la vieja ley de "El que lo rompe lo paga" y tu aún me quedaste debiendo plata de la última vez que lo rompiste.

Ahora mi habitación huele literalmente a rosas. ¿Te conté que las que me diste las tuve por 10 años envejecidas y expedían un olor espectacular? Fueron casi 30 rosas meticulosamente preservadas, hasta que en un ataque de ira las boté. Cada vez que veo rosas pienso en las tuyas y el olor delicioso que dejaron en mi habitación.. en todas las habitaciones que tuve en esa década. Y hoy esta huele a rosas...

Ser o no ser, esa es la cuestión. En mi caso sería sentir o no sentir. La vida cuando poco sientes es mucho más llevadera y hermosa, hay tantas ventajas. Sentir lleva siempre al desengaño y a la idealización. No quiero eso, ya lo tuve y rayé en la locura. Bien me lo dijo Camilo cuando recién apareciste: "huye" fue su único consejo, y no le hice caso.

A ver si la magia de octubre y la expectación de mis segundos quinces ayuda en algo a mitigar esta sensación de vacío que no me ha dejado dormir.


Jo