martes, 11 de agosto de 2009

REFLEXIONES DE UNA NOCHE MORIBUNDA.

- Tal vez sea mejor así, con más tranquilidad y menos drama. No extraño mis lágrimas ni el dolor, aunque me haga falta algo de esa fuerza reconstructora. No se puede reconstruir lo que está en buen estado.

- Ansiaba disfrutar mi libertad y ahora la he tenido. Lo que he aprendido de ello es que se puede ser libre atado, cuando lo que sientes que te ata no es una soga.

- Aún me debato entre la necesidad del éxito o de la pasión. Son dos cuestiones que juegan en mi mente con sincronizada frecuencia.

- He aprendido que hay muchas cosas que no sabré nunca y eso me frustra por una parte y me relaja por la otra. Es algo así como un alivio sadomasoquista.

- Me llamaron "artista" hace unos días y sigo preguntándome el significado de esa palabra, y si merezco ser catalogada como una.

- Entiendo el odio, pero cada vez me cuesta más comprender el significado de la admiración. En mi caso, viene y va, por eso no he podido atraparla para someterla a estudio.

- Extrañaré los sonidos de la carrera séptima, de mi calle real, cuando parta. Ya no quedará en mis pulmones el hollín de mañana, ni los pasos de los desposeidos que han tomado como suyas mis calles. Adios, Chapinero. Hola, cielo aterciopelado.

- He notado con ansioso interés que mi visión de mí misma es muy discimil a la del espejo. Coincidencialmente esta imagen cambia con mis éxitos y fracasos, lo que me lleva nuevamente a mi debate interno sobre este tema.

- Amo los masajes en mis pies que da mi Paul al llegar a mi cama. Si tuviera que elegir un momento perfecto diría que el mío empieza con ese preciso movimiento de manos y sus ojos encontrando los míos.

- No quiero tener que elegir. ¿Es necesario? ¿Llegará el día en que eso sea imperativo?

- Mis poemas han tomado vida propia y ahora sueño con ellos.

- Quiero caminar las calles con un disfraz apropiado en Halloween. Lo apartaré en septiembre.

- He aprendido a dormir abrazada a otro ser humano, con alguna dificultad. Tal vez se debe a la calidad del ser que duerme a mi lado, o tal vez tiene que ver con la sincronia de su corazón a toda carrera y el mío emocionado.

- He visto la sombra de la muerte y he llorado acariciando su tez oscura. Será una imagen que no podrá irse ya jamás de mi mente y tal vez por esa imagen y por el roce de mis lágrimas con sus manos es que son las tres de la madrugada y no puedo dormir, rogando que desaparezca de mis ojos o que se concrete y me deje llorar en paz, esa paz que he conseguido tras golpear tanto mi cabeza para arrancarme ganas que no había sentido antes.


Es suficiente, hasta los vampiros necesitan dormir

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