jueves, 26 de agosto de 2010

A Escondidas

Presiono sólo un poco las teclas, como acariciándolas,
porque no quiero apagar la paz que te da la noche.

Disfruto cada trozo de frase dicha a escondidas,
en medio del frenesí,
como siempre quise escribir.

Llueve afuera, y el mundo me parece poco.
Todo fluye porque el espacio se expande.
El tiempo ya no es una barrera, sino un placer.

Mi alma está en paz, latiendo cerca,
tratando de hacer que mi corazón no se salga.
Se necesita ser valiente para soportar un milagro.

Si pudieras ver cómo tu respiración lo llena todo,
la vida misma cómo crece dentro del olor a madera
y las formas que las gotas hacen en la ventana,
entenderías porque entré a hurtadillas a escribir.

No hace falta sino un poco de verdad en todo esto,
una pizca de imaginación salida de la historia
y tus palabras no dichas,
para que tus alas se posen sobre mí.

Me siento pequeña, vulnerable, brillante.
Te siento grande, fuerte, sombrío.
¿Ves cómo las piezas encajan en el nuevo universo?
¿Reconoces tu reflejo en mi santuario?

He despojado a mi fotografía de los últimos escombros
y me presento ante tí frágil y en construcción.
No hay más que posibilidades y futuros,
y tu tienes todas las decisiones.

Me veo rodeada de tus libros
y envidio todas las veces que tus verdes ojos se posaron en ellos,
las historias que te han contado y aún no sé,
lo que han escuchado de tus punzantes labios.

Ellos serán albaceas de los secretos que ahora escribo
y pronto te contarán que aquí, a escondidas,
he descubierto cómo armar el rompecabezas
de nuestro pequeño mundo.



Jo

1 comentario:

Altais dijo...

Wow!!!! Genial. Que hermosa escena. Me encanta como logras capturar en palabras la belleza de pequeños momentos.