viernes, 6 de agosto de 2010

Oda al primer amor

(ya tenemos claro que soy cursi, verdad?)

Estoy escuchando Buena Vista Social Club y me encontré de frente con tu cara. Es extraño ver que tanta agua ha pasado bajo nuestro puente y yo, con ira ciega, rompí todas tus fotos, y ahora la tecnología trae tu rostro de vuelta sólo con un click. La ironía de la vida.

Debería estar trabajando, lo sé, pero veo tus ojos miel y no puedo sino volverme nostálgica a morir. Más cuando tus cartas están ahí, tan cerca. Esas jamás pude romperlas, simplemente no puedo. Hace unos días hablaba del duelo y los ciclos con alguien que es como mi sombra, y noté que hemos hablado mucho tu y yo, pero ese ciclo es más bien una línea recta, con un abismo de 8 años en el medio.

Cuando todo comenzó, yo era una niña y tu un pequeñín tan ingénuo como yo. Los dos creíamos en el romance, las cartas a puño y letra, dedicar canciones, gritarse cosas bonitas, dar chocolates, flores, suspirar en el teléfono interminablemente y ponerse rojo sólo por pensar en esa otra persona que pensaba en uno. En ese momento no escribía poesía, ni se me ocurría otra forma de amar que ser yo y ya, sin pretender, ni proteger nada. Recuerdo que nos casamos y usamos rosquitas de maíz como anillos. Ni a eso le tuve miedo contigo.

Y, por alguna razón, todo cambió. Se acabó y fui tan transparente que casi desaparezco. De ahí salió mi aversión al chocolate, a los peluches, al color rosado, al vallenato, al matrimonio y al amor directo. Me volví poeta porque me dio miedo de volver a mostrar el alma así no más. Tú me hiciste lo que soy, qué le hacemos (bueno, y yo también jeje).

Luego un día escuché tu voz por teléfono y casi me muero... huí 8 años. Nunca más volví al norte y no fui a Santa Fé sino hasta que pude verte sin llorar. Cuando te encontré eras otro, o eso pensé a primera vista. Pero ahora nuevamente la llave da la vuelta en el cerrojo y veo tantas cosas. Todos mis prejuicios hacia tí han caido lentamente.

Ahora no como chocolate, pero ya no me da mareo verlo; tengo a Pericles mirándome fijamente en este momento, me pongo rosado, escucho vallenato y pienso en tí cuando es bueno, pensé en casarme y no me da miedo escribirte estas líneas. Esos son pasos inmensos en mi vida.

Pero más allá de todo, estoy tan orgullosa de la persona en que te has convertido. Siempre lo supe, a pesar de lo que dijeran; siempre supe que ibas a ser la hermosa persona que eres, el profesional que le habla a muchos para crear cosas hermosas, el amigo con el que hoy hablo y me cuenta con la misma emoción historias del país que más amo y que la recorrió igualmente maravillado. Hoy te veo y guardas el mismo impulso que a los 15 años, la misma ternura, la sonrisa y esas pestañas divinas tuyas. Eres lo que siempre soñé que serías y soy la persona más feliz de saber que eres todo eso.

También me hace feliz hasta las sorpresas que me has dado. Nunca pensé que fueras tan romántico aún y que guardaras esa bolsada de cartas que leímos. Las tienes todas, lo retienes todo y lo recuerdas con profundo cariño. Qué lindo, me haces sentir culpable. Yo lo quise destruir todo, quemé, rompí y lloré cada pedacito. Gracias a Dios se quedaron algunas partes de este rompecabezas y sobrevivieron a años de desamores, desencantos, dolor y olvido.

Ahí están, para que los puedas ver y me ayudes a recordar a la que te amó tanto; esa que siempre llegaba del colegio a ver en nuestro árbol si había otra carta para brincar feliz. La misma que soñó contigo hasta bien entrados los 20 y se decía que para tí yo no era nadie. Qué equivocada estaba y qué feliz soy de haberme equivocado. Hasta eso recuerdo: contigo no me daba miedo ser falible, tu jamàs esperaste nada de mí diferente a que te amara como tu lo hacías. Sólo te burlabas de mis tonterías, pero a mí no me daba miedo hacerlas. Yo era así y ya.

Ahora vendrá algún día para volvernos a ver, pero ya no para recordar, sino para pensar en el futuro, en todo lo que esta vida tiene para alguien tan bonito como tú. Llegará el momento en que, tras 16 años de ires, venires y abismos, finalmente pueda verte a los ojos y mostrar nuevamente mi corazón completo al mundo, porque tú lo tuviste todo para tí primero que nadie.



Leslye

1 comentario:

Altais dijo...

¡¡¡Wow!!! Sin palabras.