domingo, 17 de julio de 2011

Algunas reflexiones sobre la discriminación

Sí, yo discrimino. Y no "lo confieso", porque no me parece un oscuro secreto. Sólo lo comento para que luego de leer estas líneas no se dé la falsa sensación de que yo hablo desde un punto de vista angélico que raya en la perfección. No es así.

Discrimino a los que considero mediocres, en general: música mediocre, libros mediocres, amigos mediocres, profesionales mediocres, amantes mediocres... todo lo que medianamente me huela a falta de esfuerzo injustificado y repetitivo, o de cerebro en cualquier contexto, me desespera. Me molestan los seres humanos que no luchan por su propia perfección... si se esfuerzan y no lo consiguen, ya son dignos de mi respeto.

Sin embargo, a quienes más discrimino es a aquellos que discriminan por ignorancia, lo que hace que su discriminación sea de la más absoluta mediocridad y refleje una oscura envidia hacia aquello que discriminan. Sobre esa discriminación quiero reflexionar un poco.

Me divierten los estereotipos y lo que pueden hacer en el alma humana: pueden generar sentido de pertenencia y familiaridad alrededor del mundo o pueden despertar odios sinsentido y relaciones maliciosas. Siempre me han divertido, porque creo que he roto todos los míos.

Me sorprende que piensen aquellos que discriminan con ignorancia que a los "discriminados" les interesa lo que el discriminador piensa de ellos. A menos de que exista algún tipo de relación de poder, el discriminador lo único que hace es el ridículo; sin embargo, se regodea de su acto discriminante, como si ello le ofreciera un poder absoluto de demolición de la imagen del otro. Refuerzan su visión de sí mismos a través de la ridiculización del otro y así desean ganar aceptación ajena... Me pregunto: ¿ahora quién se ve patético?

Otro fenómeno especialmente interesante es la discriminación por parte de personas que han sido brutalmente discriminadas por otros. Se explica fácilmente a partir de la teoría del reforzamiento del yo mediante el menosprecio del otro, pero me incomoda cuando este tipo de discriminador reconoce en sí mismo las marcas que hace la discriminación por ignorancia, y aún así busca destruir a otro por la invalidación discriminatoria.

Supongo que esta es una muestra más de que los humanos erramos sin pensar mucho, a pesar de regodearnos de nuestra naturaleza de homínidos "pensantes". La discriminación es el acto desesperado más grande que llevan a cabo las personas para buscar "pertenecer" mediante un esquema de "nosotros" y "los otros" llevado a niveles negativos.

A mí este tema me interesa porque acaba con otros, no porque me afecte a mí. Así que, si usted es uno de esos lectores que adora poniendo rótulos despectivos a los demás para reformar su propia estupidez, le pido que reflexione y que se entere de que a personas como yo, que hemos recibido estereotipos desde el nacimiento, lo que usted diga no nos hará sentir menos que usted, sino que nos hablará directamente de sus propias debilidades.


Jo

3 comentarios:

jc dijo...

El ser humano es ignorante por naturaleza, per también es capaz de sobrellevar esa ignorancia, el detalle está en como lo haga, y en que descubra como hacerlo, solo así podrá combatir los aspectos negativos que lo rodean, haciendo de su vida una inclusión y no una exclusión de aquello que no entiende, ya que al hacer esto último no solo fomenta la discriminación, si no también al ignorancia. Buen blog.

Anónimo dijo...

lindo texto

Jo G. Pallas Atenea dijo...

Gracias a ambos