jueves, 13 de noviembre de 2008

OYENDO EL REQUIEM – W.A.M.


Oigo los pasos de la noche acercarse a mi,
Como si la sombra de la blanca muerte se apostara a mis pies,
Clamando asilo.

Desde ella te llamo, amor mío,
Para liberar las cadenas de mis muñecas laceradas.
Ven, toma mi cintura y grita para mí… el infierno es muy sordo.

El día de la ira me estremece, pero mi cuerpo ya está acostumbrándose a la penumbra,
Es el momento de huir, pero mis pies no responden, la desventura me acoge,
Como a tí el día de tu juicio.

Ya los tambores suenan mientras las gentes piden salvación…
Luego de tantos pecados disfrutados y de tanta sangre bebida…
Cuando ya no hay sino culpa añeja y voces angélicas con peticiones vacías.

Pero la esperanza, humana quimera, prevalece frente a mi blanca muerte,
Así el demonio haya querido incinerarla y mi cerebro la rechace.
La crueldad infinita de la felicidad y el recuerdo de un mañana prevalece,
Gracias a los cálidos gritos de mi amado en la eternidad.
JO - A.K.A. Pallas Atenea

1 comentario:

Altais dijo...

Muy bueno, la pasión se siente en cada palabra.