domingo, 20 de junio de 2010

ODA A SANTOS


Hubo una vez un buen presidente, calmado, tranquilo, de estirpe revolucionaria y brillante. Él se apellidaba Santos. Era un tipo increible, lo adoraban en todos los escenarios internacionales y siempre buscó la paz, incansablemente. Primero entre sus copartidarios y luego, con los vecinos de su país, los venezolanos. Firmó sendos tratados, se mantuvo neutral en la guerra más cruel vivida en el planeta; no le importó y nadie se lo discutió. Era un hombre firme, con una esposa que amaba a los niños, un hombre progresista y moderado. Un buen hombre.


Este hombre fue un gran presidente. Logró formentar la vivienda, el trato justo al empleado en una época en la que eso era improbable y el fomento a todo tipo de industria. También trajo inversión extranjera. Todo lo hizo por el país, siempre tranquilo y pausado, con una dicción excelente, una persona ecuánime y elocuente. Un buen presidente.
Siempre cordial, entró a la política por ser un gran periodista, y ser el encargado y luego dueño del periódico más emblemático del partido revolucionario de la época, que está por cumplir 100 años, para caer en manos de sus sobrinos-nietos y cambiar para siempre.
Porque no, el Santos que sale hoy en ese diario no es su nieto, es el nieto de su hermano. No podría haber posibilidad genética de que este hombre recto, inteligente y conciliador tenga un parentezco tan directo con el actual. No es posible simplemente que el azadón de palo se hubiera hecho en las narices del herrero.
Hago una oda a ese Santos, al inteligente y cauto, al que evitó meternos en una guerra loca como la Segunda Guerra Mundial, y que creó el primer pacto de límites y no agresión con Venezuela, el que trató de conciliar para siempre la violencia partidista y ayudó a crear el Frente nacional, porque le debo una disculpa.
Perdón, Sr. Santos, por lo que acabamos de hacer 44 millones de descendientes de lo que usted trató de crear. Lo siento muchísimo y espero que no perturbe su paz lo que está a punto de suceder.
Saludos
Una colombiana con memoria.




1 comentario:

Altais dijo...

Hermoso, una buena oda para un buen hombre. Comparto tu dolor por un país y una historia que parece seguirá siendo manchada por una generación de niños que no le llegan a los talones de los padres y abuelos que tiempo atrás soñaron y trabajaron por país al que hoy no reconocerían como suyo.